81. “La Semana Alegre”:
¡Hínquense, criaturas, porque está temblando! (fragmento)
Cumpleaños
de D. Pastor Sahuaripa. Familia, invitados, intrusos, servidumbre y un
individuo de tropa. Grandes en comedor; chicos y parientes pobres en cuarto de
la costura. Alumbrado eléctrico.
Apeo y
deslinde de un guajolote relleno. Cuatro docenas de obuses vacíos: tinto,
blanco, plisner.
Por convenir
al mejor servicio, cada quien reserva plato y cubierto. La animación más que se
generaliza, se sargentiza; combates parciales de pelotillas de miga y cuescos
de aceituna. Extraen la espina a Flora Duvals, la ha tragado por toser a su
prometido, que se empeña en ver muy de cerca la pulsera de la nada despreciable
viuda de Champerico. ¡Pobre Champerico, en paz descanse!
Mucho
chichisbeo en las filas. Maridos hablan de política centroamericana.
-¿Se te pasó?
-Un poquito…
-Es Noemí
Robles, que padece mareos cuando toma vinos dulces, y los ha tomado. Paseada
por los corredores, se sienta, haciendo ascos y sudando frío.
-¿Y Camarena?
-¿Dónde ha de
estar Camarena? Dibujando esos malditos planos en la pieza de la azotea.
-Camarena es
tío adoptivo; danle cuarto, triquis y comida.
Trabaja de
noche en el dibujo lineal, con bujía de parafina.
-Por supuesto
la Teodorita de la otra vivienda estará hecha un demonio porque no se le invitó
a la cena.
-Sus piezas
están a oscuras; pero seguramente, podría jurarlo, no ha dejado de espiar.
¡Cursilona!
Hombres
convienen en que la proteje un viejo; pero ello no obsta para que sea
escultural vista irreprochable.
-¡Todo es
postizo!
-¡Qué va!
Damas ponen
punto a las apreciaciones por no ser propio discutir sobre gentes no
clasificadas delante señoritas.
-¡Más muertos!
-Ruido de
bandeja despeñada con todo y vasos, platos y cubiertos.
-Es –dice
niño- el soldado, que está retozando con las criadas.
-Cállese
usted. Nadie le pide cuentas. A ver si su hermano ramón está arrepentido de lo
que me ha hecho. Que venga a pedirme la mano. […]









