25. “La Semana Alegre”: En el
carro de vía angosta (fragmento)
No
tiene remedio: en el carrito de vía angosta, repleto, han logrado engranarse,
incrustarse, entrelazarse, mecharse, atornillarse, treinta pasajeros y una
fracción. Así, un señor con cortina en el ojo, por rascarse una pierna, ha
masajeado la de su vecina, y otro, de anteojos con arillo de oro, en vez de
meter la mano al bolsillo de la levita para sacar los cigarros, lo ha hecho en
una bolsa extraña en donde yacen un rosario y un pedazo de chorizo envuelto en
una muestra de percal.
-¡Usted dispense, señora; pero
viene una tan oprimido…!
-Pues favor de ser menos
distraído…
-No empuje, amigo… (al conductor)
-Pues estoy cobrando… (al de
sombrero ancho).
-¡Pero sin pisarme…!
-Los coches son estrechos…
-Y ustedes abusan, permitiendo
mayor número…
-No traigo suelto (a la señora de
caracol escotado).
-Pues ni yo cambio… (agresiva)
-Inútil es que ustedes quieran
bajar las persianas; no funcionan ni a puntapiés… (notorio).
-Y luego el humor y el polvo que
se almacenan (señorita que con libros y caja de puros va a la de artes).
-Y esos pies desconocidos que dan
el do de pecho de la sinfonía en cacle mayor (tuerto nervioso).
-Ahora, señora, créame usted,
cuando uno tiene la desgracia de padecer enfermedades que requieren el uso de
desinfectantes, como el fénico, no debe entrar en carro público; sale usted de
aquí trascendiendo… (por un mecánico pavonado, que trae las narices como los
corales de un totol).
-¿Conchita? (señora con medalla
de hija de María)
-¿Mamá? (niña con chiqueadores y
orejas transparentes)
-Aquí te haré lugar, porque ese
viejo que llevas junto, con el pretexto de la edad, se recarga en una… ¡ni las
canas le valen! ¡cómo se cargan!
-¿Y usted de qué me empuja?
(sombrero chilapeño, cacles)
-¿Y usted de qué se me queda
dormido en el hombro? (camisa de verano, zapatos americanos).
-La calor (desperezándose)
-El pulque: eso…
-Ya estará (somnoliento).
-Estará cuando se me antoje: o lo
bajo a usted. Está prohibido que viajen en estas jaulas, personas en estado de
ebriedad.
-¡Yo no estoy ebrio!...
(estirándose).
-Señora, póngase usted esta
canasta con vituallas, manteca, sopa juliana, y substancias alimenticias, sobre
las rodillas, porque, me está escurriendo algo… ¡salsa! ¡claro! ¡Ya esto parece
furgón para el Valle…!
-Usted dispense ¿le pegué?
(cobrador a clérigo más rojo que manzana de California).
-No señor, sólo se rompió un
cristal de mis anteojos… (haciendo bizcos).
-Es que estos cocheros dan
garrote de una manera muy brusca…
-Se está usted quemando, Ramonita
(anciana calva, chupada, de ojos descoloridos, como bacalao en la lonja).
-Sí, señor capistrano, tiran las
viejas de cigarro, donde caen…
-¡Fuchi… esto es para…! (señorita
de sombrero de paja, sacando medio cuerpo por la ventanilla).
-Es el drenaje… ¡mire usted, me
acabo de cambiar desde calcetines y vengo blanco de polvo!
-¡Nos lucimos! La corrida está
parada…
-Claro: vienen nueve carrozas
fúnebres; y eso, de gente pobre.
-¡Hay mucha mortalidad! (pintor).
-¿Tejedor? (viejo empleado)
-¡Presente! (empleado joven)
-¡Resígnese usted a la multa,
porque llevamos nada más, 40 minutos de atraso!
-Y yo que tengo que estar a la
hora en punto.
-¿la molesto a usted con el humo?
(joven empleado en expendio de jarcia).
-No señor, pero viene sentado
sobre mi ropa (criada honesta y no fea, aunque casada).
-Hija: es la apretura… ¿Y dónde
sirves?... ¡Vaya un desdén! Contesta, ¿dónde sirves? […]
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